El tipo de trabajo realizado por Mirit Ben Nun requiere aliento largo y mucha paciencia: Se trata de un trabajo sísifo, ir marcando puntos y líneas, rellenando
cada milímetro vacío con una mancha de color brillante. Efectivamente, estamos anteuna paradoja, o una contradicción logística. Un trabajo lento, paciente y laborioso, que surge de una necesidad urgente e imperiosa de tapar y rellenar, cubrir y decorar. Tali Tamir
El tipo de trabajo realizado por Mirit Ben Nun requiere aliento largo y mucha paciencia: Se trata de un trabajo sísifo, ir marcando puntos y líneas, rellenando
cada milímetro vacío con una mancha de color brillante. Efectivamente, estamos anteuna paradoja, o una contradicción logística. Un trabajo lento, paciente y laborioso, que surge de una necesidad urgente e imperiosa de tapar y rellenar, cubrir y decorar. Tali Tamir
El tipo de trabajo realizado por Mirit Ben Nun requiere aliento largo y mucha paciencia: Se trata de un trabajo sísifo, ir marcando puntos y líneas, rellenando
cada milímetro vacío con una mancha de color brillante. Efectivamente, estamos anteuna paradoja, o una contradicción logística. Un trabajo lento, paciente y laborioso, que surge de una necesidad urgente e imperiosa de tapar y rellenar, cubrir y decorar. Tali Tamir
El tipo de trabajo realizado por Mirit Ben Nun requiere aliento largo y mucha paciencia: Se trata de un trabajo sísifo, ir marcando puntos y líneas, rellenando
cada milímetro vacío con una mancha de color brillante. Efectivamente, estamos anteuna paradoja, o una contradicción logística. Un trabajo lento, paciente y laborioso, que surge de una necesidad urgente e imperiosa de tapar y rellenar, cubrir y decorar. Tali Tamir
Punto. Dos puntos ... Puntos ... Mirit Ben Nun
Cuando la pintura aborigen (de las tribus aborígenes australianas) fue revelada a Occidente, en los años 70' del siglo pasado, inyectó una nueva adrenalina en la pintura moderna y fue rápidamente aceptada, no solo como legítima sino también como influyente e inspiradora. Es un arte tribal, que satisface las necesidades rituales de crear símbolos religiosos y de una estética fluida caracterizada por los colores de la tierra. También artistas africano-occidentales contemporáneos, como Chris Opili y Vinka Shonibary, han enfatizado elementos similares en su trabajo y han desviado la atención hacia la misma continua necesidad de crear superficies con puntos de color, que provocan placer visual gracias a su textura aterciopelada, rica en colores y formas sinuosas.
No hay duda de que de allí surge la pintura de Mirit Ben Nun, que aparece como un meteorito refrescante en nuestro cielo ya saturado de un arte repleto de mensajes e imágenes fotográficas. Como artista autodidacta, ella creció fuera del bien lubricado sistema de las academias de arte, y no sufre por la búsqueda constante de sentido y contenido. Su pintura irrumpe como emergente de una necesidad primaria de provocar a la superficie pictórica, de atacarla con una obsesión sin freno, que no deja rincones ocultos. La necesidad de expresión no se detiene ni por un momento, quiere continuar fluyendo junto con la tempestuosa agitación anímica, tal vez para apaciguar a los demonios que andan corriendo en su interior. Esta pintura atrae y arrastra porque es primigenia, libre de justificaciones y de sentimientos de culpabilidad por ser "no intelectual". Proviene del mismo lugar donde se generan los impulsos creativos-psíquicos inconscientes, no adaptados todavía al lenguaje de códigos que requieren ser descifrados.
El espectador de Mirit Ben Nun es "atacado" por la abundancia de color, por formas decorativas repetitivas, y por imágenes comparativas que pueden identificarse y captarse rápidamente. Para el ojo acostumbrado a esta sofisticada forma de arte, esto es como aspirar una ráfaga de belleza instantánea.
Tal vez este es el tiempo y el lugar de volver a reflexionar sobre las profundas raices de una cultura que va ramificándose, que durante generaciones ha sido cubierta por una gruesa capa de teorías y de "…ismos"
David Gerstein
Punto. Dos puntos ... Puntos ... Mirit Ben Nun
Cuando la pintura aborigen (de las tribus aborígenes australianas) fue revelada a Occidente, en los años 70' del siglo pasado, inyectó una nueva adrenalina en la pintura moderna y fue rápidamente aceptada, no solo como legítima sino también como influyente e inspiradora. Es un arte tribal, que satisface las necesidades rituales de crear símbolos religiosos y de una estética fluida caracterizada por los colores de la tierra. También artistas africano-occidentales contemporáneos, como Chris Opili y Vinka Shonibary, han enfatizado elementos similares en su trabajo y han desviado la atención hacia la misma continua necesidad de crear superficies con puntos de color, que provocan placer visual gracias a su textura aterciopelada, rica en colores y formas sinuosas.
No hay duda de que de allí surge la pintura de Mirit Ben Nun, que aparece como un meteorito refrescante en nuestro cielo ya saturado de un arte repleto de mensajes e imágenes fotográficas. Como artista autodidacta, ella creció fuera del bien lubricado sistema de las academias de arte, y no sufre por la búsqueda constante de sentido y contenido. Su pintura irrumpe como emergente de una necesidad primaria de provocar a la superficie pictórica, de atacarla con una obsesión sin freno, que no deja rincones ocultos. La necesidad de expresión no se detiene ni por un momento, quiere continuar fluyendo junto con la tempestuosa agitación anímica, tal vez para apaciguar a los demonios que andan corriendo en su interior. Esta pintura atrae y arrastra porque es primigenia, libre de justificaciones y de sentimientos de culpabilidad por ser "no intelectual". Proviene del mismo lugar donde se generan los impulsos creativos-psíquicos inconscientes, no adaptados todavía al lenguaje de códigos que requieren ser descifrados.
El espectador de Mirit Ben Nun es "atacado" por la abundancia de color, por formas decorativas repetitivas, y por imágenes comparativas que pueden identificarse y captarse rápidamente. Para el ojo acostumbrado a esta sofisticada forma de arte, esto es como aspirar una ráfaga de belleza instantánea.
Tal vez este es el tiempo y el lugar de volver a reflexionar sobre las profundas raices de una cultura que va ramificándose, que durante generaciones ha sido cubierta por una gruesa capa de teorías y de "…ismos"
David Gerstein
Punto. Dos puntos ... Puntos ... Mirit Ben Nun
Cuando la pintura aborigen (de las tribus aborígenes australianas) fue revelada a Occidente, en los años 70' del siglo pasado, inyectó una nueva adrenalina en la pintura moderna y fue rápidamente aceptada, no solo como legítima sino también como influyente e inspiradora. Es un arte tribal, que satisface las necesidades rituales de crear símbolos religiosos y de una estética fluida caracterizada por los colores de la tierra. También artistas africano-occidentales contemporáneos, como Chris Opili y Vinka Shonibary, han enfatizado elementos similares en su trabajo y han desviado la atención hacia la misma continua necesidad de crear superficies con puntos de color, que provocan placer visual gracias a su textura aterciopelada, rica en colores y formas sinuosas.
No hay duda de que de allí surge la pintura de Mirit Ben Nun, que aparece como un meteorito refrescante en nuestro cielo ya saturado de un arte repleto de mensajes e imágenes fotográficas. Como artista autodidacta, ella creció fuera del bien lubricado sistema de las academias de arte, y no sufre por la búsqueda constante de sentido y contenido. Su pintura irrumpe como emergente de una necesidad primaria de provocar a la superficie pictórica, de atacarla con una obsesión sin freno, que no deja rincones ocultos. La necesidad de expresión no se detiene ni por un momento, quiere continuar fluyendo junto con la tempestuosa agitación anímica, tal vez para apaciguar a los demonios que andan corriendo en su interior. Esta pintura atrae y arrastra porque es primigenia, libre de justificaciones y de sentimientos de culpabilidad por ser "no intelectual". Proviene del mismo lugar donde se generan los impulsos creativos-psíquicos inconscientes, no adaptados todavía al lenguaje de códigos que requieren ser descifrados.
El espectador de Mirit Ben Nun es "atacado" por la abundancia de color, por formas decorativas repetitivas, y por imágenes comparativas que pueden identificarse y captarse rápidamente. Para el ojo acostumbrado a esta sofisticada forma de arte, esto es como aspirar una ráfaga de belleza instantánea.
Tal vez este es el tiempo y el lugar de volver a reflexionar sobre las profundas raices de una cultura que va ramificándose, que durante generaciones ha sido cubierta por una gruesa capa de teorías y de "…ismos"
David Gerstein
Punto. Dos puntos ... Puntos ... Mirit Ben Nun
Cuando la pintura aborigen (de las tribus aborígenes australianas) fue revelada a Occidente, en los años 70' del siglo pasado, inyectó una nueva adrenalina en la pintura moderna y fue rápidamente aceptada, no solo como legítima sino también como influyente e inspiradora. Es un arte tribal, que satisface las necesidades rituales de crear símbolos religiosos y de una estética fluida caracterizada por los colores de la tierra. También artistas africano-occidentales contemporáneos, como Chris Opili y Vinka Shonibary, han enfatizado elementos similares en su trabajo y han desviado la atención hacia la misma continua necesidad de crear superficies con puntos de color, que provocan placer visual gracias a su textura aterciopelada, rica en colores y formas sinuosas.
No hay duda de que de allí surge la pintura de Mirit Ben Nun, que aparece como un meteorito refrescante en nuestro cielo ya saturado de un arte repleto de mensajes e imágenes fotográficas. Como artista autodidacta, ella creció fuera del bien lubricado sistema de las academias de arte, y no sufre por la búsqueda constante de sentido y contenido. Su pintura irrumpe como emergente de una necesidad primaria de provocar a la superficie pictórica, de atacarla con una obsesión sin freno, que no deja rincones ocultos. La necesidad de expresión no se detiene ni por un momento, quiere continuar fluyendo junto con la tempestuosa agitación anímica, tal vez para apaciguar a los demonios que andan corriendo en su interior. Esta pintura atrae y arrastra porque es primigenia, libre de justificaciones y de sentimientos de culpabilidad por ser "no intelectual". Proviene del mismo lugar donde se generan los impulsos creativos-psíquicos inconscientes, no adaptados todavía al lenguaje de códigos que requieren ser descifrados.
El espectador de Mirit Ben Nun es "atacado" por la abundancia de color, por formas decorativas repetitivas, y por imágenes comparativas que pueden identificarse y captarse rápidamente. Para el ojo acostumbrado a esta sofisticada forma de arte, esto es como aspirar una ráfaga de belleza instantánea.
Tal vez este es el tiempo y el lugar de volver a reflexionar sobre las profundas raices de una cultura que va ramificándose, que durante generaciones ha sido cubierta por una gruesa capa de teorías y de "…ismos"
David Gerstein
Punto. Dos puntos ... Puntos ... Mirit Ben Nun
Cuando la pintura aborigen (de las tribus aborígenes australianas) fue revelada a Occidente, en los años 70' del siglo pasado, inyectó una nueva adrenalina en la pintura moderna y fue rápidamente aceptada, no solo como legítima sino también como influyente e inspiradora. Es un arte tribal, que satisface las necesidades rituales de crear símbolos religiosos y de una estética fluida caracterizada por los colores de la tierra. También artistas africano-occidentales contemporáneos, como Chris Opili y Vinka Shonibary, han enfatizado elementos similares en su trabajo y han desviado la atención hacia la misma continua necesidad de crear superficies con puntos de color, que provocan placer visual gracias a su textura aterciopelada, rica en colores y formas sinuosas.
No hay duda de que de allí surge la pintura de Mirit Ben Nun, que aparece como un meteorito refrescante en nuestro cielo ya saturado de un arte repleto de mensajes e imágenes fotográficas. Como artista autodidacta, ella creció fuera del bien lubricado sistema de las academias de arte, y no sufre por la búsqueda constante de sentido y contenido. Su pintura irrumpe como emergente de una necesidad primaria de provocar a la superficie pictórica, de atacarla con una obsesión sin freno, que no deja rincones ocultos. La necesidad de expresión no se detiene ni por un momento, quiere continuar fluyendo junto con la tempestuosa agitación anímica, tal vez para apaciguar a los demonios que andan corriendo en su interior. Esta pintura atrae y arrastra porque es primigenia, libre de justificaciones y de sentimientos de culpabilidad por ser "no intelectual". Proviene del mismo lugar donde se generan los impulsos creativos-psíquicos inconscientes, no adaptados todavía al lenguaje de códigos que requieren ser descifrados.
El espectador de Mirit Ben Nun es "atacado" por la abundancia de color, por formas decorativas repetitivas, y por imágenes comparativas que pueden identificarse y captarse rápidamente. Para el ojo acostumbrado a esta sofisticada forma de arte, esto es como aspirar una ráfaga de belleza instantánea.
Tal vez este es el tiempo y el lugar de volver a reflexionar sobre las profundas raices de una cultura que va ramificándose, que durante generaciones ha sido cubierta por una gruesa capa de teorías y de "…ismos"
David Gerstein
Punto. Dos puntos ... Puntos ... Mirit Ben Nun
Cuando la pintura aborigen (de las tribus aborígenes australianas) fue revelada a Occidente, en los años 70' del siglo pasado, inyectó una nueva adrenalina en la pintura moderna y fue rápidamente aceptada, no solo como legítima sino también como influyente e inspiradora. Es un arte tribal, que satisface las necesidades rituales de crear símbolos religiosos y de una estética fluida caracterizada por los colores de la tierra. También artistas africano-occidentales contemporáneos, como Chris Opili y Vinka Shonibary, han enfatizado elementos similares en su trabajo y han desviado la atención hacia la misma continua necesidad de crear superficies con puntos de color, que provocan placer visual gracias a su textura aterciopelada, rica en colores y formas sinuosas.
No hay duda de que de allí surge la pintura de Mirit Ben Nun, que aparece como un meteorito refrescante en nuestro cielo ya saturado de un arte repleto de mensajes e imágenes fotográficas. Como artista autodidacta, ella creció fuera del bien lubricado sistema de las academias de arte, y no sufre por la búsqueda constante de sentido y contenido. Su pintura irrumpe como emergente de una necesidad primaria de provocar a la superficie pictórica, de atacarla con una obsesión sin freno, que no deja rincones ocultos. La necesidad de expresión no se detiene ni por un momento, quiere continuar fluyendo junto con la tempestuosa agitación anímica, tal vez para apaciguar a los demonios que andan corriendo en su interior. Esta pintura atrae y arrastra porque es primigenia, libre de justificaciones y de sentimientos de culpabilidad por ser "no intelectual". Proviene del mismo lugar donde se generan los impulsos creativos-psíquicos inconscientes, no adaptados todavía al lenguaje de códigos que requieren ser descifrados.
El espectador de Mirit Ben Nun es "atacado" por la abundancia de color, por formas decorativas repetitivas, y por imágenes comparativas que pueden identificarse y captarse rápidamente. Para el ojo acostumbrado a esta sofisticada forma de arte, esto es como aspirar una ráfaga de belleza instantánea.
Tal vez este es el tiempo y el lugar de volver a reflexionar sobre las profundas raices de una cultura que va ramificándose, que durante generaciones ha sido cubierta por una gruesa capa de teorías y de "…ismos"
David Gerstein
has been for sale for some time, as you have seen. The maintenance and ongoing development to keep our non-profit and idealistic platform for contemporary art running and safe from hackers etc. costs money that is no longer there. Because of small investments that are necessary now and the running costs, we will have to shut down with a heavy heart at the beginning of summer on June 21.





